Editorial

Bienvenidos una vez más a un nuevo número de la revista favorita del momento. Si bien, nuestros corazones permanecen tristes por la partida de don Carlos Fuentes ─¡por qué no nos llevaste!─, debemos recordar aquel viejo dicho que dice: “La literatura debe continuar” y aquí estamos.

Como cada edición, les traemos a ustedes lo mejor y lo último en cultura escrita para el deleite de sus sentidos. Este mes el tema gira en torno a la pintura y contamos con algunos trazos realizados por Arturo Ortiz Heraz, con su Carta cubista, y Moreliana Negrete, con un Grabado.

La Galería permanece abierta y en esta ocasión contamos con Jesús Alberto Araujo Ayala, quien nos trae una fotografía digital de unos trompos trepadores.

Y en la sección donde los más grandes escritores han publicado tenemos a José J. González con su Poética cósmica, a Carlos Alberto Aguirre con la primera parte de su poema Navegantes, a Bani García con Soledad y a Graciela Díaz con La tristeza de los 40’s.

Así va pasando el tiempo y nos acercamos cada vez más a los primeros 12 números de nuestra bienaventurada publicación. No dejen de escribirnos, colaborar y leernos, porque a lo largo de 11 números, usted lo ha visto, ¿así o más buena?

La pluma en la piedra

04/06/2012

Carta cubista - Arturo Ortiz Heraz



A ti:
           Desde hace tiempo he esperado el momento preciso de escribirte estas palabras que llevan consigo la fortuna que he tenido en vida. La realidad, que en ocasiones puede ser tan basta, suele ser confusa y ésa es, precisamente, la causa de todos mis problemas. Día a día me miro en el espejo con la falsa esperanza de un tiempo de bonanza, todo es mentira y no puedo continuar más con esto. Recuerdo que desde niño se me educó para apreciar toda forma de arte. Con diez años cumplidos ya conocía a los autores más renombrados y sus obras más importantes. Miguel Ángel, Da Vinci, Picasso, Dalí, Bonnard, Klimt, Cézanne fueron algunos de los nombres que sustituyeron los juegos y los juguetes, tan comunes en los demás niños, pero negados a mí. Mi ser estaba siendo inculcado para ser uno con el arte.

  Sin embargo, como toda tragedia griega, el caos llegó a mi vida. Al cumplir mis quince años, mi padre me mostró aquella obra que habría de llevarme de la admiración perpetua, hasta a los más absurdos cuestionamientos que jamás cimbrarían mi mente. Ese día de otoño, que hasta ese momento había transcurrido tan plácidamente, mi padre me llamó al estudio. “¿Qué has hecho? ¿Has entendido la vida?”. Preguntas tan raras a las cuales no les hallé sentido alguno, como todas las que le escuchaba murmurar. “Acércate”. Comenzó a desenvolver un pliego que tomó de una vitrina que me había estado restringida. “Dime, ¿qué ves?”. No supe que responder y con ello el silencio nos inundó. Fue increíble ver una leve sonrisa en aquel rostro cuya severidad nunca daba lugar a alegrías. Me dio un boleto y me dijo que ya era tiempo.

  Dos meses después emprendería el viaje a un destino para mi desconocido, entre gente que hablaba mi lengua, pero con la cual no compartía nada; sin embargo, mi padre comenzó a enfermar. Debí postergar el viaje. Lo que sucedió tuvo que suceder. Entre sus pertenencias había una carta: “…sé que esto ha sido inesperado para ti, pero yo sabía desde hace tiempo que esto era inevitable. Dejo en tus manos la búsqueda de la respuesta que pueda ayudarte a ser un ser completo, sin carencias y consciente de quién eres. Fue ese el motivo de educarte como lo he hecho en todos estos años. Quería que fueras un ser sensible, aunque en este punto de mi vida ya no sé si he hecho lo correcto. Es una gran carga la que pongo en tus manos, espero puedas hacer lo que yo no pude…”, debía terminar aquella encomienda.

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Grabado - Moreliana Negrete



Era el año 2007 cuando, en el segundo piso del Museo de la Estampa de Toluca, Estado de México, encontré un grabado que a la letra decía: “Desembarco de 42 trabajadores mexicanos que enloquecieron por hambre en el sur de EUA. Puerto de Manzanillo. 1937”. El autor y la ubicación actual del cuadro me son desconocidos.
 
* * * * *
Si colores. Las olas se mueven y a cada segundo que pasa los ojos van perdiendo la cordura. Uno se puede volver loco por cualquier cosa, pero ¿por hambre? ¿No es acaso el tipo de locura más cruel que a alguien se le pueda haber ocurrido?

Los capitanes son personas preparadas, quienes han vivido más de la mitad de sus días en el mar. Se dice que son capaces de hundirse con su barco por alguna razón incomprensible para el ser humano promedio. Pero las fallas ocurren y cualquiera, por muy avezado que sea, puede llegar a cometerlas: alguna ola confundida, estrellas que han cambiado traviesamente de lugar, el sol mismo que de vez en vez le dan ganas de salir de oriente a occidente. Quién sabe, pero dicen que lo loco se te pega.
 
Y el capitán que quiere deslindarse de algunas responsabilidades y fingir demencia. Qué persona no experimenta cierto vacío mental por causa del trabajo. Pero nadie piensa en los trabajadores, en esos hombres que han dejado sus pueblos porque la tierra no les alcanza para comer; nadie piensa en ellos que soportan las brasas del sol sobre sus cabezas ya acostumbradas al mal trato; nadie piensa… nadie piensa… Nadie piensa que ellos se llevaron a sus mujeres y sus niños para no sentir añoranza por la patria. La patria mal habida que les había prometido restituirles sus tierras y ahora los envía en un intercambio cultural a algún sitio desconocido. ¿O será que ya regresan?

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Poética cósmica - José J. González



1.  Enormes rocas suspendidas giran y giran, el aire le levanta sus negros vestidos finitos, sus cabelleras adornadas de jóvenes vírgenes forman cúmulo de polvo dorado. Algunas palabras se atoran en el flujo de constelaciones, en el brazo de Saturno. Somos una gran rueda que ha perdido el eje y vaga sin sentido por espacios desconocidos, lejanos, lejanos. La voz que clama una misericordia desconocida ha dejado de percibirse, ha dejado de habitar los triángulos, ha dejado de pertenecer a este tiempo-espacio, ahora se repite cuidadosamente bajo la protección de otra mano, de otra mirada.
2. Dame el cuidado de tus grandes manos que abarcan grupos cósmicos inconmensurables, levántame, enséñame a ser fuerte, a soportar lo que no se puede evitar, lo que se espera y nos da miedo; sólo tú sabes hasta qué punto puedo resistir, soy débil y puedo caer, eres fuerte; quiero que me sostengas cuando llegue ese momento, con la suavidad de tus manos invisibles, con la fuerza de tus brazos de sol.
3. Dame el cuidado que un niño puede necesitar al sentir el miedo terrible de sus sueños de profeta. No seré capaz de negarte, no tendré que palpar tu piel con mi piel para saberte existente, presente. Dame el cuidado que sólo se le puede dar a un animal que está a punto de emprender su gran marcha; permíteme besar con suavidad tu cielo estrellado, tu viaje de gran río, tus galaxias pequeñas y enormes, perfectas y sublimes, cálidas y frías.
4. Los círculos son las figuras perfectas que permanecen en un vacío que no se sabe como tal. Somos vida de hombre. Polvo al polvo porque es en verdad a donde hemos pertenecido desde el principio de los siglos, a través de los minutos y segundos que conforman la larga y delgada mano de la infinitud. Fenómeno negado al hombre por una fuerza arcana y terrible, conocida y dulce, llena de enojo y apacible como el seno de la amada.
5. El viento levanta con gracia sutil la etérea tierra. Hoja con hoja se toman de la mano; los árboles de otoño les permiten jugar su última vejez que antecede a su renacimiento como fragilidad creadora. Juegan, se caen, vuelan aterrizan; se dibujan ciclos enteros, ires y venires. Muerte y resurrección.
6. El agua escapa de nuestras manos, el tiempo también lo hace, la misma vida lo hace, lo que queremos no se queda para siempre, el hombre no se acostumbra a la impermanencia de las cosas. Vivir son constantes movimientos que a veces tiene que dar pasos al vacío para poderse encontrar a sí misma, sin ninguna máscara, tal y como es, fuera de las imperfecciones de los cuerpos contenedores. Se siente cierta atracción al vértigo, se nos pide aprender a caer, ¿lo podremos hacer sin que nos duela el abandono, el retiro de todo, el dejar para revelar? ¿Lo podremos hacer sin chistar, sin otra mano más que la que viene viniendo desde el inicio de nuestros días?

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Navegantes (Parte I) - Carlos Alberto Aguirre



Miles y miles de años,
hombres, ancianos, mujeres,
todos los seres del universo terrenal,
aquellos que profanaron la paz del
supremo creador,
navegantes somos, y en el sendero
empedrado tropezamos, con mis pies sangrando
bajo tu yugo, fugaces mis sueños.
Idolátrame, gitano fuerte y viril,
tú de piel de caravana y ojos de marfil
tú que con tus cantos,
tú que con tus cantos,
enredas mis sueños,
tomaré un largo viaje
me tiraré en medio del pasto seco,
y que la tierra me desnude,
navegantes somos, y en el sendero
empedrado tropezamos, nunca terminé.
Mi pequeñita, dulzura, ternura,
hazme entender…
Jinete de negros ojos,
cuántas rameras bajo tu espada escondes,
y un incesante palpitar me recorre
mujer de ojos tristes,
adorna tu cabello,
crucé los mares del infierno

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Soledad - Bani García


Dedicado a mi esposa Claribel Delgadillo Fuentes.



Viviendo con esta soledad... Creyendo que alguien llegará,
esperando a la persona indicada y no a la ideal,
creando un mundo de soledad en donde sólo existo yo y un espacio vacío
esperando ser ocupado por esa persona que...
que creo que jamás llegará.

Pido lo que quiero y no lo que necesito,
busco pero no encuentro,
trato de entender la vida pero...
Es demasiado confusa...


Cuando creí haberte encontrado, al pasar del tiempo,
me doy cuenta de que vamos por rumbos diferentes,
tú ya vienes cuando yo a penas voy,
quisiera poder ir con esa velocidad con la que avanzas,
pero... no está en mis expectativas.

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La tristeza de los 40's - Graciela Díaz



Hoy me desperté pensando en eso. Mirándome al espejo dije: “cuarenta y tantos”; aún aquí, con tres hijas hermosas que sólo me dan grandes motivos de orgullo, un marido al que amo y aun veo guapisisisísimo, con trabajo (bueno, no mucho, pero trabajo).
 
Empezando a recolectar un poco de lo sembrado, veo a mí alrededor y concluyo: creo que todo es bueno.Y de repente, ¡sorpresivamente!, llega también a mi mente el otro lado de la moneda, como todo en esta vida, ¡hay un pero en todo esto! Y de nuevo al espejo, lo que veo me pone triste, no hay ningún 90-60-90 todo lo contrario, los cuarenta han dejado una gran huella y, observando detenidamente, hay canas y no son pocas algo que un buen tinte no pueda arreglar, bueno hay solución; de nuevo me pone triste.

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